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Archive for the ‘General’ Category

¿Casta o pueblo?

Es un día gris y ventoso. Las hojas aún persisten en las ramas de los chopos y los nuevos brotes pugnan por salir. No ha habido invierno y parece que el esperado cambio climático ha dejado su tarjeta de visita.

No ha nacido solo este 2016 con una nueva climatología bajo el brazo, también hay síntomas de grandes cambios políticos, que en España se materializan en atuendos diferentes y gestos  unas veces desenfadados y otras plagados de mala educación.

Las formas de relacionarnos ya han cambiado. No hay medida en las palabras, porque no se saben usar. Hay poca cultura, lo que no supone un cambio, pero las clases sociales sí han cambiado. No hay un proletariado al uso, sólo hay gente con dinero y poder de decisión, gente corriente que vive con lo justo, que trabaja mucho y tiene muchas responsabilidades a su cargo y finalmente el pueblo.

Yo me pregunto, quién es el pueblo, qué determina que seas o no pueblo. Si tienes una profesión tradicionalmente considerada como propia de las castas dominantes, eres casta, tengas o no tengas dinero, cobres o no cobres apenas por tu trabajo. Da igual que seas médico, arquitecto, profesor, abogado, investigador sin un duro y que tengas que trabajar 14 h al día para vivir dignamente. Si no procedes del viejo proletariado, eres casta y vas a pagarlo muy caro (en el sentido más literal del término).

Yo me pregunto, si la casta es la gente con dinero y poder de decisión, quién soy soy, o más bien, qué soy yo que no soy ni casta ni pueblo. No soy pueblo, pero pago mis impuestos y como no soy casta tampoco puedo dejar de pagarlos.

Hoy vale todo. Vale la mediocridad para dirigir lo que sea, hasta un país si se tercia, vale el no valer para nada y acceder a todo. Vale insultar, porque resulta gratis y da caché. Vale no trabajar y ser ídolo de miles de personas, vales por la cara.

Yo me pregunto, si vale la mediocridad, vale dirigir cualquier cosa sin valer para nada, vale insultar a destajo y no trabajar y tener mucha cara, para que me vale a mi, mi trabajo, mi educación, mi, aunque sea, escasa valía… Ya sé, a mí me vale y con eso me basta…

Hubo un tiempo en el que existió una clase social llamada burguesía, tal vez yo proceda de esa burguesía venida a menos, que se quedó entre cenizas leyendo un libro, enseñando a otros a pensar, viendo pasar por delante a nuevos mesías del dinero, del poder, de la justicia y de la libertad. Una extraña mezcla con sabor amargo, que deja en el interior perplejidad.

Yo me pregunto, para qué mi voto, para quién mi voto.

Puedo seguir sentada ante la Historia con la sensación de que nadie ha entendido nada. Yo tampoco entiendo nada de lo que está haciendo historia hoy, mañana… He leído demasiado, Sancho y se me antoja que esos molinos son gigantes, aunque sé que no voy a convencer a nadie. Acércate a ellos y te lanzarán al suelo.

Mejor será que nos exiliemos a la ínsula Barataria y esperemos mejores tiempos, en los que tú sepas quién eres, yo recupere la conciencia y los gigantes dejen de parecer molinos.

 

 

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Mi ventana me llama quejumbrosa y yo no puedo responder a su llamada aún. Mañana retomaré mis versos, esos que bailan sin control por entre las nubes, esos que dejarán su voz rotunda entre las ramas.

Qué ha pasado para que transcurriera el tiempo alado y mis versos agonicen aún bajo los escombros del pasar.

No voy a invocar culpables, porque no existen, sólo elecciones que los apartaron de la luz y aún retienen las palabras en el vacío. La música me embrujó y las notas del cantar envolvieron mi espacio, dejando en un desdibujado rincón poemas sin nombre.

En este enero quiero recoger aquella frase, que aún retumba como el tañer de campanas en mis adentros.”Mañana retomaré mis versos”, dije, y dos años después, voy a saldar la deuda que dejé, suspendiendo una mañana en el tiempo.

Hoy volarán mis versos

en una amanecida fría y seca.

Volarán con la torpeza del recién nacido,

con la mirada ciega y el ascender desgarbado.

Romperán los cristales de sus alas

para restaurar el puente del olvido

y dejarán la oscuridad de hierro.

que los mantuvo gélidos ,

El mañana murió sin llegar a ser hoy

y las palabras se secaron durante dos otoños,

Ni los chopos de mi ventana quejumbrosa

pudieron llegar a florecer,

mientras los amaneceres se sucedían sin poesía,

sin colores cambiantes, sin una plateada

ráfaga de viento.

¡Versos de hoy, inagotable e inmensa

poesía, os invoco en medio del océano del llanto,

del decir sin voz,

de los labios mudos y sellados!

Ars vocis

12 de enero de 2015

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Hace tanto tiempo que no buscaban mis dedos en la arena blanca de la página, que la playa de mis escritos se olvidó en los adentros. He estado traicionándome día a día, mirando el mar sin atrever a surcarlo y mi memoria ha disuelto sus destellos. Sé que callar es renunciar a la palabra escondida, esa que nació sin yo pedirlo y que ha ido creciendo en mis versos, en las páginas ya escritas. Alguien me ha preguntado por ella y he sentido la vergüenza del que ha dejado abandonado un don que no me pertenece.

Hay tanto revuelo por el mundo, que de nuevo volvemos a entender que el cambio es lo único que es real. Ni el pasado, ni el presente, ni el futuro, tienen existencia propia. Ni tan siquiera nuestro pensamientos tienen que ver con nosotros, suelen ser construcciones ficticias de la mente que conceden a las cosas una esencia que inventamos. Somos esclavos de esta visión alejada de la naturaleza real del universo, y desde nuestro raciocinio, pretendemos controlarlo todo.

Cuando todo a nuestro alrededor se tambalea, tenemos que recurrir a la introspección, a la búsqueda de lo verdaderamente esencial y desprendernos de lo que nos hace perder pie. De ahí que tras las crisis, tras la pérdida de una calma, que nunca existió más que en nuestra mente, tengamos que buscarnos entre los escombros y descubrir que nada es lo que parecía. No es un drama, por el contrario, es una forma de reencontrarnos con los demás, sin calificarlos, con las cosas sin sentirlas como buenas o malas. Somos nosotros los que deformamos las vivencias.

Parémonos para vaciar la mente de cargas insufribles e ineficaces, miremos a la naturaleza desde la vacuidad más pura y dejaremos de sentirnos como hojas que mueve el viento a su antojo. Seremos aves capaces de alzar el vuelo y nuestras plumas se desprenderán, para dejar una estela en el horizonte.

Ars Vocis

 

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El poso del olvido

El magma ha ido disolviendo las rocas para engullir entre llamaradas la solidez del manto y pugna por salir a la intemperie. No es sólo materia incandescente, es una mano ensangrentada, cuya piel se cuartea y ennegrece al respirar el aire. Y es entonces, cuando el fluir se petrifica y nace nueva costra, cuando podrán crecer pequeñas plantas, vergeles de la naturaleza, que harán creer de nuevo que todo es inmutable. Más cuando el tiempo deje el poso del olvido entre las ramas, surgirá el temblor que todo lo trastoca y las fauces negras, dejarán paso a incandescentes ríos que rojos de ira, quebraran verdes y dejarán su sombra.

Y así será. Preguntad a los dioses que pueblan las entrañas de la tierra.

 

 

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He regresado del frío

He regresado del frío,los chopos muestran sus retoños y yo comienzo una segunda vida. No va a ser un punto y aparte, será un punto y seguido.

Mis manos ya se lanzan avariciosas en busca de palabras perdidas, palabras que brotaron y se secaron solas, sin ver la luz. En ese desván de signos se acurrucan miles de ideas que no nacieron, porque no hubo tiempo para el silencio, para la meditación, para el pensamiento.

Qué nos deja sin tiempo para lo más veraz, qué nos atrapa hasta dejarnos exhaustos, qué nos importa más que el ser.

Mi ventana me llama quejumbrosa y yo no puedo responder a su llamada aún. Mañana retomaré mis versos, esos que bailan sin control por entre las nubes, esos que dejarán su voz rotunda entre las ramas.

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Olvidado otoño

No puedo seguir negándome a los chopos
que yerguen sus colores tras mi ventana.
Sus hojas se han teñido día a día
de tonos asombrados, y hoy forman
mil semillas de amarillo
sorprendiendo a sus invernales ramas.

No he visto otro otoño más cromado.
No he sentido tanta visión otoñada
La luz se acuesta en los ramajes
tocando cada arbusto con silencios
que suenan a llamada.

No hay un tono idéntico a otro tono.
Ni una mirada igual a otra mirada.

Huele a leña, y el viento se ha parado,
dejando un inerte vegetal perfume.

Huelo y oigo cómo me hablan los árboles
cómo la luz dorada duerme en mis retinas,
y danzan chispas que prenden inexpertas
la enmudecida y pálida mañana

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La crísis o el teatro del absurdo

Nunca me ha gustado el circo. He sentido pena por los payasos, tristeza por los animales amaestrados, angustia por los saltos peligrosos, y una inexplicable fobia a los magos y prestidigitadores. Supongo que un avezado psicólogo podría explicar las razón de dicha fobia.

En realidad no tengo nada en contra del arte de hacer reír, al contrario, disfruto de los buenos cómicos y aprecio la dificultad que conlleva arrancar una carcajada, pero en el circo no consigo esbozar ni una sonrisa. Con todo, entiendo que otras personas disfruten de él.

De los magos y prestidigitadores sólo puedo decir, que el mero hecho de que quieran hacerme creer lo que no es, me molesta. Siento que piensan que soy idiota y se sacan un conejo de la chistera o cortan en dos a una señorita encantadora, que al final se recompone como si nada. Los trucos son engaños sofisticados.

Y bien, qué tendrá que ver la crisis, con el circo o con el teatro del absurdo, pensarán algunos. Tal vez haya quién enamorado de dichas actividades lúdicas,piense que yo también estoy escondiendo un pañuelo en mi manga o alguna que otra carta.

La crisis es nuestro gran circo, un circo internacional, en el que han intervenido numerosas estrellas. Todos hemos asistido para ver a los domadores tratando de domesticar a los fieros bancos, a las escurridizas cajas de ahorro, a los simpáticos especuladores. Y todos hemos cerrado los ojos cuando los bancos se comieron a sus cuidadores, mientras las cajas escapaban de su control y los especuladores resultaron ser pirañas disfrazadas.

Los trapecistas hicieron sus equilibrios sin red y cayeron en ella, sin peligro alguno, porque la red acoge a todos los que se arriesgan en el mundo del poder.

Los magos y los prestidigitadores nos dejaron embobados, y se sacaron de la manga, los recortes de trabajo, la subida de impuestos, el desmantelamiento de lo más sagrado, la salud y la cultura. No me cogieron desprevenida, pero olvidaron que hay trucos que ya nadie se traga y que son conocidos de todos.

Este panorama nos ha dejado con la sonrisa helada, colgada como un carámbano en la comisura de los labios.

Todos queremos salir del circo, pero las salidas están bloqueadas y comienza en la arena el teatro del absurdo en el que unos cuantos payasos pretenden distraernos. Nada tiene sentido, si es que existe el sentido, nada era lo que se decía, nadie sabía acerca de nada.

Y nosotros formamos parte de ese absurdo, creyendo que los votos pueden hacer realidad nuestros deseos, abrirnos las puertas del circo, solventar la crisis y convertir el absurdo en algo diferente y reconocible.

Ars vocis

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