He regresado a la estabilidad que necesitaba, y no sé por cuánto tiempo.
Y es que mi mente es una mente saltarina y juguetona que me vapulea sin piedad. La fantasía es un arma peligrosa, pero necesaria para romper rutinas, para alejar los fantasmas del aburrimiento y el cansancio que procura, ver siempre lo mismo y a las mismas personas, por mucho que las quieras.
Siempre necesitamos ampliar nuestro círculo de amigos, tener ilusión por conocer a los otros, por explorar mundos nuevos y por contar lo que ya hemos contado cientos de veces, a quiénes nunca lo han oído.
Hecho de menos a personas que me hablen de sus experiencias, no que me informen de lo que otros han experimentado, gentes que enriquezcan mi mente, de las que aprenda. Sé que las hay, que incluso están a mi alrededor, pero que pocas veces se abren para exponerse al otro.
Hay poca gente con pensamiento propio, con criterio para saber quién es y mantenerse firme en su postura. No hablo de posiciones radicales, de opiniones que no admiten la duda.
La duda es saludable, pero no es recomendable vivir alojada en ella.
Tenemos que elegir, de hecho siempre estamos eligiendo, y hay que aceptar que nos vamos a equivocar en algún momento.
Observo en mi entorno a jóvenes y no tan jóvenes, que tienen miedo a tomar decisiones, a lanzarse en una u otra dirección. Dicen que son tímidos. No, no es la timidez lo que les atenaza, es la duda. Pretenden que en la vida todo tiene que salir bien, y esto les impide actuar. La inacción es una forma de muerte anticipada. No sufres, pero renuncias a la oportunidad de poder disfrutar del amor, del conocimiento, de la belleza.
Por otro lado, tampoco la frenética actividad sin rumbo, produce paz. Nos atiborramos de información, de amigos ocasionales, de acciones sin objetivo, para no tener tiempo de reflexionar, de estar en silencio.
Si somos capaces de residir por algún tiempo en el silencio, empezamos a ser osados, a no tener miedo al fracaso, porque ni siquiera el fracaso es algo negativo. Sufrimos, pero aprendemos a querer a los otros, cuando conocemos que somos igual de frágiles que ellos.
El silencio no tiene nada que ver con la soledad, porque nos procura soledad, pero elegida, no impuesta.
Muchos amigos están o se sienten solos. Buscan a alguien que les quiera, que llene sus vacíos, pero no están dispuestos a renunciar a nada. Piden mucho, pero tienen miedo de abrir su mente al otro. De compartir su vida.
Se han acostumbrado a vivir solos y prefieren contactos esporádicos, sin efectos secundarios. Y es que conocer y amar a otros tiene siempre efectos colaterales, unos buenos y otros más difíciles de asumir.
El amor, como la felicidad, se construye, se gana a pulso, se trabaja día a día, y a veces parece que va perdiendo gas.
Si te conoces, debes saber que para conservar tanto el amor como la felicidad, en ocasiones, en muchas ocasiones a lo largo de una vida, hay que buscar tu espacio, recuperar la distancia con las personas y los hechos, respirar a solas, saber quién eres y lo que te hace feliz, encontrar el silencio.
Después vuelve la calma, una paz renovada y profunda.
Limadura
No pienses que la calma va a ser perpetua, porque habrás de concurrir por caminos escarpados y de nuevo te asaltarán las dudas.
Arsvocis
El silencio, qué tesoro gratuito al alcance de cualquiera, y sin embargo, tan dificil de conseguir.
(Tengo suerte de trabajar en una biblioteca, donde puedo mandar callar al que hace ruido, je, je. Pero eso también me ha malacostumbrado, y cada vez tolero peor el ruido que impera por todas partes)
El ruido es el refugio de los que no quieren pensar. La música no es ruido, por eso me siento tan a gusto en el coro.,