Siento como si me hubiera marchado y regresara a casa, cansada y huérfana de ideas. Será la luz de este luminoso día, despejadas las brumas de la mañana, la que tira de mi y me obliga a estar presente. No caben en mis días tantas sensaciones y el tiempo es muy exiguo para contarlas.
Tal vez me engañe a mi misma. No escribo, porque la música ha llenado mi cabeza de tanta plenitud, que el verso se me escapa. Sé que las palabras están ahí, esperando a que yo las recoja para darlas sentido.
Me pesa demasiado la soledad de escribir para el viento, sintiendo cómo las palabras se alejan como las hojas y nadie mira al árbol desnudo y yerto. No preciso más que un oído atento, que unos ojos posándose en mis poemas, que unas voces reclamen la lectura de mis palabras.
Después de haber encontrado mi camino, el espacio se abre y soporto mal el abandono. No escribo, y no es por miedo, ni porque el vacío me pese. Pienso cuánto se queda aparcado en mi mente, pidiendo permiso para salir, alborotando mi alma. Ya tendremos tiempo, me digo. Pero no es el tiempo, es la certeza de que escribo sin escenario alguno, sin público.
Ars vocis
Hola! Yo si que echo de menos tus palabras! Siempre te lo digo y te lo vuelvo a reiterar, nunca dejes de escribir puesto que, como bien dices, las palabras están ahí esperando a que las des alas
Un besazo!