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El cambio permanente

Nada más lejano de la realidad que esa visión estática de la vida, inmutable incluso, que teníamos de niños.

A nuestro alrededor nada parecía cambiar. Pensábamos que todo lo que nos rodeaba, iba a permanecer para siempre mientras crecíamos. Ni siquiera el hecho de nuestro propio cambio, hacía presagiar los cambios venideros en nuestro entorno.

Hoy, pretendemos mantener idéntica actitud y nos sorprende la enfermedad y la muerte, nos abruman los problemas que surgen a diario y todavía esperamos que un día sea idéntico a otro día, no porque gustemos de la rutina, sino  para impedir sobresaltos que nos obliguen a mirar de frente.

Por mucho que nos engañemos, todos sabemos, que nada permanece igual, pero es necesario un abrupto acontecimiento, para que seamos conscientes de ello. Sólo cuando pasa el cataclismo y vemos un entorno desolador, sabemos que vivimos en medio de una fragilidad permanente. Ajustamos nuestros pasos a la nueva etapa por la que atravesamos y de entre los escombros recogemos los restos del pasado.

Todo esto nos sirve para aprender, mientras nos encontramos en medio del dolor, cuando no vemos salida al otro lado del callejón, que la angustia que sentimos no es más que un espejismo, porque el dolor pasa y todos los callejones tienen un portón por el que escapar, o una escalera por la que subir y divisar un paisaje de luz que creímos perdido para siempre.

Es tal vez el momento de recordar un poema mío de hace años que resume estas reflexiones:

 

NUNCA SE REGRESA

“Te dije Ulises que nunca volverías

a Ítaca

y aunque tu cuerpo haya regresado

más rápido que el gavilán, ya nada

permanece intacto, ni el mar

es el mismo mar del que partiste,

ni las orillas prominentes y escarpadas

protegen ya el anciano puerto, ni están el olivo

ni la gruta de las ninfas.

Tu hijo-Telémaco- no guarda parecido

con aquel que fue,

y Penélope tal vez no te reconozca

porque el tiempo, Odiseo, no permite

que el viento sea el mismo viento,

tu hogar el mismo hogar,

tampoco tú eres quien fuiste.

¿Crees que podrás borrar

los mundos por los que has transitado?

Vuelve a la realidad y pregúntale

al porquerizo por sus inagotable noches,

por su fidelidad sin límites,

llora por los años de ausencia

los que quedaron esparcidos

entre las olas pobladas por los dioses,

pídele explicaciones al poeta,

que tan ciego, no supo mantener

una brisa idéntica a otra brisa”.

 

De Línea divisoria. Ed. Compostela. 2001

Ars vocis

 

 

 

 

Un oído atento

Siento como si me hubiera marchado y regresara a casa, cansada y huérfana de ideas. Será la luz de este luminoso día, despejadas las brumas de la mañana, la que tira de mi y me obliga a estar presente. No caben en mis días tantas sensaciones y el tiempo es muy exiguo para contarlas.

Tal vez me engañe a mi misma. No escribo, porque la música ha llenado mi cabeza de tanta plenitud, que el verso se me escapa. Sé que las palabras están ahí, esperando a que yo las recoja para darlas sentido.

Me pesa demasiado la soledad de escribir para el viento, sintiendo cómo las palabras se alejan como las hojas y nadie mira al árbol desnudo y yerto. No preciso más que un oído atento, que unos ojos posándose en mis poemas, que unas voces reclamen la lectura de mis palabras.

Después de haber encontrado mi camino, el espacio se abre y soporto mal el abandono. No escribo, y no es por miedo, ni porque el vacío me pese. Pienso cuánto se queda aparcado en mi mente, pidiendo permiso para salir, alborotando mi alma. Ya tendremos tiempo, me digo. Pero no es el tiempo, es la certeza de que escribo sin escenario alguno, sin público.

Ars vocis

Vislumbrando el otoño

El verano quiere darnos un pequeño respiro. Huele a tierra mojada y echaba de menos tocar con mis ojos las hojas de los chopos erguidos. Ha sido dura esta estación del estío y muchas las despedidas. Pero al vislumbrar a lo lejos el otoño, algo se renueva en mi interior. La lluvia imaginada me riega el alma y se me ensanchan los pulmones, cuando imagino el verde amarillento de los campos.

Hay quien piensa que el otoño es el tiempo de la nostalgia, precursora del ingrato invierno. Más es una suerte de renovación, una vuelta a despojarnos de lo que ya no precisamos. Y es que cada vez es menos lo necesario para vivir en paz, más lo prescindible. Nos importa el cariño, nos perdonamos sin esfuerzo. Parecemos más viejos, pero somos mas sabios.

Viento de años (A Cristina y a Lucía)

Qué sabéis vosotros de las heridas

ocultas por un viento de años

cuando aún vuestros rostros son tersos

y el cuerpo duerme sin rasguños.


Cicatrizan, si, cicatrizan con el tiempo

las ausencias, o tal vez duerman

hasta que el recuerdo duele,

no sabemos cómo.


Ayer volví a llorarte,

con un llanto sin lamento alguno,

y el amor que apenas se menciona

dejó su cárcel y se expandió

desbordando, con un sabor a otoño

la distancia.


Todo va quedar sin ropaje alguno,

para sellar la transformación que nos

convierte en otros y mirar en el espejo

los azules ojos de la joven primavera”.

Arsvocis.( Poema que formará parte de un poemario en ciernes).

Con ocasión del terremoto que se ha producido en Nueva Zelanda, tuve la ocasión de charlar sobre la deriva de los continentes y la tectónica de placas. Y así como dichas teorías, hoy aceptadas sin reservas, se sustentan en comprobaciones científicas, me temo que mi teoría sobre la deriva de los políticos se halla sólo en fase de elaboración y puede no contar con los suficientes apoyos de la ciencia positiva.

Sin embargo hoy querría en mi blog hacer algunas consideraciones que podrían llevarnos a la conclusión de que los continentes no son los únicos que van a la deriva.

Ya he dicho en alguna ocasión, que me disgustaba dedicar un sólo párrafo a la clase política. Sin embargo en el caso que nos ocupa me he sorprendido a mi misma intentando explicar qué es exactamente lo ocurre con los políticos.

Cualquier ciudadano dotado de sensatez, de cualquier ideología política que sea (si exceptuamos a los adeptos incondicionales), se ha podido percatar de que nuestro sistema democrático está sufriendo una suerte de tumor que impide que esa democracia convenza a la juventud o anime a los que ya no somos jóvenes.

Ese tumor inicial amenaza con convertirse en metástasis, con lo que, si la ciencia no lo remedia, podríamos estar asistiendo al comienzo de la desintegración de la clase política, tal como la conocemos hoy.

He observado que ya no existen lo que hace tiempo eran considerados “hombres de estado”, es decir políticos que miraban más allá de las siguientes elecciones y trazaban un programa de futuro para su país.

Ningún político actual parece tener proyectos más allá de la resolución del problema del día siguiente. Por esta razón creo que acogimos la llegada del presidente norteamericano, Obama, como un posible nuevo hombre de estado, que se sacudiera la lacra de la dependencia de los partidos y mirara al frente con arrojo y decisión.

Es pronto para saber si el presidente norteamericano es capaz de soslayar las fuerzas que empujan a los políticos a la deriva.

En los últimos tiempos, los políticos en general, y muy en particular en España, han sufrido y siguen padeciendo una política errática e indescifrable para muchos.

Si soy contraria a los programas políticos que son incapaces de cambiar sus objetivos, cuando todo cambia a su alrededor, también soy alérgica a los políticos que cambian de opinión de un día para otro, que defienden unos objetivos hoy, para abandonarlos mañana.

La cuestión no es constatar que, por ejemplo en Europa, no hay un político que no esté envuelto en un escándalo absurdo o puesto en cuestión por la oposición correspondiente, la cuestión es que ni los los partidos que gobiernan, ni los que se encuentran en la oposición tienen ideas.

Existe una falta total de imaginación para abordar los problemas y aunque ya en mayo del 68 se luchaba para que la imaginación tomara el poder, es evidente que esto no es posible.

El poder no puede tener imaginación hoy, ni ideas brillantes, ni siquiera ideas.

Los discursos los escriben especialistas, las ideas las tienen los asesores mediocres, por lo que no es de extrañar que al igual que los continentes, los políticos se deslicen sin destino aparente, sobre una superficie inestable, en medio de temblores inesperados de mayor o menor intensidad que producen acercamientos momentáneos, pero que sólo liberan las tensiones acumuladas.

Cabe preguntarse cuál puede ser la causa de dicha deriva, y asi como en el caso de la deriva de los continentes, los científicos han dado respuestas que explican la misma, en el caso que nos ocupa, la cuestión es más vidriosa.

Yo me atrevo a proponer, como causa profunda de dicha deriva, al movimiento soterrado de los lobbys, que bajo toda esa clase política diseña nuestro futuro en consonancia con sus intereses privados. No hay ninguna posibilidad de que los políticos tomen decisiones al margen de estos grupos de presión.

Ellos son los que dirigen el mundo, los que deciden si la energía renovable es la más oportuna o conviene seguir exprimiendo las energías tradicionales.

Son los que niegan la existencia de problemas medioambientales.

Son los que dejan que Obama tome decisiones de apoyo a las maltrechas finanzas sin demasiada oposición y encuentre dificultades para poner en marcha un sistema sanitario que amenaza la sanidad privada y los intereses de ésta.

Son los que impiden desmantelar los Guantánamos que tenemos en todo el mundo.

Los que impiden que España comercialice en EE. UU. una vacuna preventiva contra el cáncer de útero, por considerarla “insegura”. Son los que  mantienen altos los precios de los medicamentos para el Tercer Mundo.

Son los que dicen (ver “Ciudadano Kane” de Orson Wells), “usted ponga las fotos, que yo pondré la guerra”.

Los que impiden que la ONU no sea más que un corazón sin capacidad de movimientos.

Podría estar dando ejemplos que harían inacabable este post, pero no serviría para convencer a muchos, porque los que no creen en los grupos de presión, suelen ser o unos inocentes o forman parte de esos lobbys y comparten sus intereses.

Los políticos van a la deriva movidos por manos invisibles, manos que esperan obtener, no trajes, coches o pequeñas minucias, sino cuotas de poder cada vez mayores.

Los políticos se han convertido en meros leguleyos, muñecos articulados e incultos que una veces sacan sus trapos sucios a airear o se insultan y tratan de demostrar que se mueven y trabajan para nosotros, cuando simplemente se mueven y trabajan para los intereses de sus partidos, para ganar las siguientes elecciones, en el mejor de los casos o en el peor, para colocarse en disposición de mantener los intereses de los grandes lobbys.

Todo barco que se deja mover por las corrientes, que no tiene timón,  ni aspira a llegar a ninguna parte, suele terminar naufragando.

Cuando esto suceda, a los políticos se los comerán los tiburones y tendremos que inventar otra vez la democracia que nos han robado.

Limadura

Convertid en imbéciles a la mayoría y veréis cómo vosotros os convertiréis en sabios

No lo dijo Maquiavelo, en su obra “El Príncipe”, pero bien pudiera haberlo dicho.

Arsvocis

No hubiera yo escrito acerca de la llegada del hombre a la luna hace 40 años, si los medios de comunicación no nos hubieran recordado dicha efemérides.

Mi luna siempre ha sido la luna de los poetas, la increible y cavernosa luz que nos alumbra y nos fascina.

Yo voy a decepcionar a la mayor parte de los que vivieron aquella experiencia, porque a pesar de que era una adolescente y de que sentí que se había logrado algo grande, muy grande, no recuerdo ese preciso momento, ni si lo vi en directo por la televisión, aunque sé que las borrosas imágenes de dicha llegada, permanecen en mi retina gracias a las múltiples retransmisiones que de ellas hizo TVE.

Cuando se anunció que se iba a llevar a cabo un programa televisivo para celebrar dicho aniversario, todos en casa estuvimos dispuestos a asistir a aquel acontecimiento. Los que lo vimos en su día o sólo recordamos las imágenes de aquella época y los jóvenes que con emoción querían vivir anoche lo que no pudieron  vivir en aquel célebre año 1969.

Mi hijo de 21 años estaba emocionado, tal vez porque tuvimos la oportunidad de ver en Washington la cápsula que amerizó con los héroes de tal hazaña y habíamos visitado Cabo Cañaveral y recorrido durante más de siete horas el lugar desde el que despegó el Apolo. Sin embargo, nada de lo que vimos en el programa de ayer cumplió con las expectativas e ilusiones que albergábamos.

Esperábamos un programa serio, lo que no supone necesariamente algo aburrido, en el que la divulgación del hecho y el carácter científico del acontecimiento nos hiciera palpitar de nuevo. Esperábamos datos desconocidos, fragmentos nuevos de lo ocurrido.

Y he de decir que echamos de menos las imágenes o la voz de aquel Jesús Hermida del año 1969, retransmitiendo aquellos momentos.

No esperábamos trozos de lo que hubiera podido ser un documental cualquiera, ni la opinión de políticos, presentadores de televisión, cantantes etc. No esperábamos un programa de entretenimiento, sino un programa de información y recuerdo histórico.

Los españoles de 2009, nos merecíamos un programa en el que las opiniones procedieran de científicos que asistieron en directo y de manera activa al acontecimiento. Científicos procedentes del Madrid Deep Space Communications Complex (MDSCC) de  Robledo de Chavela, única instalación de la NASA  en España, en colaboración con el INTA (Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial Esteban Terradas), perteneciente a la “Red del espacio profundo” y cuya  primera antena se colocó en 1961 para el Programa Mariner, o de la estación de Fresnedillas, en la que se instaló una segunda antena (“La Dino”), para las misiones Apollo.

Tal vez se pudieran haber ofrecido imágenes de las estaciónes  de Robledo de Chavela, o de Fresnedillas, que hizo el seguimiento del Apolo, u  ofrecernos opiniones de los técnicos que allí estuvieron, o de los que están ahora. Echamos en falta aspectos relacionados con la tecnología que permitió la llegada milagrosa de unos hombres a la luna, con sistemas informáticos menos potentes que los PC, que usamos en la actualidad.

Merecíamos en suma una pequeña historia de lo que significó la llegada a la luna, desde el punto de vista de los avances científicos que luego nos han llegado y que muchos proceden de la carrera espacial.

Merecíamos que científicos de la ESA (Agencia espacial europea)  o del CAB (Centro de Astrobiología ubicado en Torrejón de Ardoz),  y en particular astronautas estadounidenses de origen español, como Miguel Lopez Alegría y por supuesto Pedro Duque,  primer astronauta de origen y nacionalidad española que fue lanzado al espacio, opinaran sobre lo que significó entonces y lo que aún significa en la carrera espacial, aquella milagrosa llegada a la luna.

No hubiera estado de más que los propios protagonistas, Neil Amstrong, Edwin “Buzz” Aldrin y Michael Collins,  nos hubieran contado lo que sintieron, y lo que supuso para sus vidas, además de expresar sus deseos de que se pueda llegar a Marte en el 2030, aunque hubieran sido opiniones sacadas de entrevistas americanas.

Yo me pregunto:

¿Cómo es que posible que se hayan colocado “post” de interés en páginas web como la de la periodista Olalla Sánchez,   en la que se nos permite revivir la llegada del Apolo XI a la luna, y la televisión española sólo haya sido capaz de hacer un programa de magazine?.

Desde aquí mi enhorabuena a dicha periodista, que en su post nos invita a entrar en la página “We Choose the moon” que permite, como ella misma indica, ampliar la información que se pudo ver en 1969.

Pediría a TVE que considerara que los españoles de 2009, no somos aquellos de 1969, y que si la ciencia en España, nunca ha tenido gran predicamento, hoy hay científicos españoles de nivel mundial y ciudadanos que aspiramos a conocer la ciencia o a rememorar un evento de índole científica, mediante la intervención de personalidades de relieve en dicho campo.

Será por todo lo anterior, por lo que procuro ver lo menos posible la televisión, y no por una absurda negación de los beneficios de dicho medio de comunicación, que admiro, sino por la incapacidad de elevar sus informaciones al nivel que TODOS nos merecemos.

Arsvocis

Hoy no se muy bien qué me deparará la ventana a través de la que husmeo en mis pensamientos. Es muy semejante a la ventana que se recorta  frente a mi, mientras escribo. Aunque con el tiempo los añadidos sin mi permiso, me han dejado sin horizonte, y donde antes veía liberadora distancia, ahora veo un bloque de viviendas. Sólo mis chopos permanecen fieles, al igual que el sonido de los pájaros que en ellos anidan.

Sin horizonte, qué grave asunto es este. Sentirse encerrada en una jaula, necesitando del aire que circula a lo lejos, las voces de nuevos amigos que refresquen tu mirada con su verbo. Todo está en nuestro interior, porque el horizonte sigue tras el muro que lo oculta, las jaulas se abren y el aire sólo esperan que lo aspiren. Más no vemos la realidad.

Alguien me dijo, no hace mucho, casi sorprendido, que sentía como cierta aquella manida frase de que la vida era  como un “valle de lágrimas”. Yo ya lo descubrí mucho antes que tú, le respondí. Qué suerte que no hayas tenido conocimiento de ello hasta ahora.

Y es que el verano nos obliga a varar en cualquier puerto. Y allí sin poder hacernos a la mar, nos preguntamos muchas cosas. El año ha ido pasando sin respiro alguno. No hemos hecho más que navegar de acá para allá, sin descanso. No ha habído tiempo más que para seguir adelante, agobiados, deseando anclar en cualquier puerto.

Y cuando tenemos el puerto a la vista y amarramos el barco, nos damos cuenta de que no recordamos para qué queríamos llegar a puerto. Nos sentamos mirando a nuestro alrededor y no nos espera nadie. Creíamos que por fin íbamos a encontrar interlocutores y estamos más solos que nunca. Hemos perdido la capacidad de mirar al mar sin más, de sentarnos a dormitar bajo el sol. Algo nos dice que estamos perdiendo el tiempo.

Qué tiempo perdemos mientras respiramos a pulmón libre, mientras soñamos despiertos, mientras meditamos en paz formando parte de lo que nos rodea, qué tiempo ganamos cuando faenamos sin cesar.

Nos hemos vuelto incapaces de arriar las velas, de dejar que el viento sólo sea viento. Y es entonces cuando sentimos la finitud de nuestro viaje.

¿Qué pensó Ulises al regresar a Itaca?  Tal vez no fue capaz de reconocer que en su añorada Itaca, sólo le esperaba el fin de su Odisea, y que su vida, sólo había tenido sentido mientras no podía llegar a ella.

Alcanzar una meta, es una forma de morir.

Arsvocis

Si alguien me pregunta acerca de las razones por las que escribo un blog, me sería difícil contestar. Es como si me preguntaran por qué escribo, por qué hablo.

Un blog, no es más que una página en blanco y a mí en particular las páginas en blanco no me han dado nunca ese terror que dicen que se siente. Debe de ser que aún no soy famosa, que escribo porque lo necesito, porque es como una prolongación necesaria de lo que pienso, unos largos brazos que son capaces de llegar a cualquier lugar del mundo, una forma más de comunicarme.

Es posible que ese terror se produzca cuando tienes una obligación por delante, cuando tu editor te apremia, cuando la gente espera que escribas una nueva obra, cuando vives de la escritura. Pero ni siquiera en semejante situación he padecido de esa fobia.

La pantalla en blanco me parece el comienzo de un milagro, una gran caja en la que las palabras van apareciendo, muchas sin mi permiso. De hecho, este nuevo post pretendía dar una cabal explicación de por qué escribo este blog, y he terminado hablando del miedo al vacío.

Si no hay nada que contar, puede ser por muchas razones. Porque no tienes experiencias vitales suficientes que te retroalimenten, porque eres incapaz de ver a tu alrededor todas y cada una de las historias que hay detrás de cualquier persona, cosa, o insignificante detalle, o porque crees que contar aspectos que no aportan nada especial, supone perder el tiempo.

Hay gente que habla mucho y no dice nada. Gente que no habla nada y escucha mucho. Gente podría contar mucho y lo hace porque no sabe cómo. Y hay gente que tiene la inmensa suerte de tener la mente repleta de historias, de sensaciones, de reflexiones, y quiere y sabe comunicarlas. ¿Por qué no?

Jamás pienso en mis lectores. No por ninguna cuestión de estúpida soberbia, sino por el mero hecho de que cuando escribo, sólo puedo pensar en lo que escribo. No sé si mi soliloquio, va a convertirse en alegre tertulia, a través de los comentarios, si me van a leer porque buscan otra cosa y por casualidad aterrizan en este pequeño rincón de mi mente, o por el contrario este post, va a ser, como muchos otros, olvidado.

Antes de la aparición de Internet, escribía en hojas, con mi bolígrafo o mi pluma. Cuando terminaba de escribir, podía tener entre mis manos una pequeña narración corta, un poema, un escrito lleno de sentimientos encontrados, o una simple reflexión. Luego, aquellas hojas iban a parar a una carpeta, a la que titulé “Escritos míos”, como si fueran tan míos que jamás pudieran ver la luz. Siempre me he preguntado por qué no puse “Mis escritos”, y tal vez la razón estriba en que ese “míos”, era mucho más posesivo que el sencillo “Mis”, que hoy colocaría.

Ya no reposan más hojas en aquella carpeta, que las copias de ordenador que yo guarde. Habrá sentimentales que echen de menos la letra, las tachaduras, la maravillosa individualidad de un papel trabajado con las manos. Pero a cambio, mis posts no se amarillean con el tiempo, son menos míos, son más de todos los que los lean, y es como si mi mente se expandiera  hasta el infinito, y pudiera tocar con la punta de los dedos la boca, la mente de los que me leen en alto o en silencio.

Es cierto que hay muchos tipos de blogs y que mi blog, no es estandar. No suelo incluir fotos, ni tengo una red de amigos con blogs con los que debatir. Es una página espartana, sin más apoyatura que la palabra.

No sé ,si  he conseguido convencer a los renuentes, a los que menosprecian este medio de comunicación sin precedentes, pero tampoco quiero convencer a nadie de nada, sólo he pretendido transmitir lo que diría en cualquier tertulia. Es posible que dado el escaso tiempo que tenemos, estemos perdiendo el hábito de conversar. Pero hay a cambio una ventaja, nadie te interrumpe y puedes seguir el curso de tus ideas para llevarlas hasta el final.

Es esta, una posición narcisista, sin duda, porque cuando alguien te contesta, siempre aporta puntos de vista que son necesarios para cualquier reflexión.

P.D.  A Walter, le preguntaría, si por fin tiene ya un blog, pero más por incitarle a defender su postura, que por otra razón. Mili, sin duda tiene material interesante para seguir investigando acerca de la psicología de las personas. Siento  no tener un traductor de mis posts, aunque cualquier traducción impide una fiel lectura del original

Gracias por ser como sois

Arsvocis

No hay que buscar en extraños lugares para encontrar a ese personaje entrañable que te dice algo inesperado por sorprendente. Tenía yo que saldar mis cuentas con Pedro, mi carnicero, hombre amable donde los haya y entré en la carnicería. A decir verdad uno puede encontrar a su Séneca particular en cualquier lugar. Yo descubrí al mío en la carnicería de mi barrio.

Entré como he narrado y dije, Pedro no quiero nada, sólo vengo a pagarte lo que te debo. A mi izquierda había un paisano, con traje de chaqueta, corbata y un sombrero que parecía haber llevado desde siempre. Podría ser cualquier jubilado de cualquier lugar . Me sonrío y contestó en lugar del carnicero, eso me parece muy bien, venir a pagar, es que es usted una buena persona, y con esta presentación, decidió en soliloquio contarme cuánta gente buena había por el mundo y, cómo él que había vivido y viajado mucho, siempre la había encontrado.

Recuerdo, me dijo, cuando llegué a Buenos Aires, y no sabía cómo llegar a una dirección en la que me esperaban, y dí con un español que después de preguntar de dónde era, añadió, pues yo también soy español, y en lugar de indicarme cómo ir, me pidió la dirección y me llevó en su propio coche a la puerta de la misma.

Quedó cortada nuestra conversación cuando terminé de pagar mis deudas, mientras aquel hombre seguía insistiendo, si, hay que ver cuánta gente buena hay en todos los lugares.

Salí como si me hubieran dado una buena noticia. ¡ El mundo estaba lleno de buena gente !  y yo volví a mi coche con una sonrisa de bienestar.

Este Séneca, que creía estar contando su experiencia, me demostró en unas pocas palabras, cómo la sencillez y la percepción positiva de lo que nos rodea nos hace felices. Y es que vivimos en mundo de negatividad, en el que el mal gesto es la norma, y en el que no detectamos la bondad, porque si acaso se nos acercan para algo, pensamos que no será para bien y aceleramos el paso.

En uno de los libros más incisivos con los que me he topado, publicado en 1999 y que se titula “Las 48 leyes del poder”, de Robert Greene, hay una frase, en el capítulo de agradecimientos, que explica toda la ironía que destila la obra, basada en la constatación de la atemporalidad del maquiavelismo, y que dice así: ” Por último, para aquellas personas de mi vida que han utilizado con tanta habilidad el juego del poder para manipularme, torturarme y hacerme daño durante años, nos os guardo ningún rencor y os doy las gracias por haberme dado la inspiración para LAS 48 LEYES DEL PODER”

A estas alturas alguien podrá preguntarse qué relación pueda tener dicha obra con el sencillo paisano de mi carnicería, y es que el autor de la obra citada, ya empieza por afirmar que si bien existen los manipuladores y dañinos, no hay razón para el rencor.

En su obra hay una ley que de todas las expuestas parece ser una de las pocas que uno tiene que cumplir si quiere tener poder, y yo añadiría y sobre todo si uno quiere vivir en paz y ser feliz. Se trata de una ley que dice “evitar a los infelices y desafortunados”. Expuesta de esta manera tan cruda es posible que pueda parecer falta de sensibilidad hacia los desgraciados, pero desde una perspectiva no exclusivamente maquiavélica, en el fondo se trata de evitar a tanta gente negativa que anda por ahí.

En efecto, la negatividad es un sentimiento contagioso, en el que se cae con frecuencia cuando se trata con gente incapaz de ver lo que veía a su alrededor mi particular Séneca de barrio.

Es seguro que no todo el mundo es bueno, pero también lo es que no todo hay que analizarlo desde la negatividad. Y más cierto aún que muchas víctimas son causantes de su propia desgracia, lo que no significa que no nos podamos compadecer de ellos. Sin embargo cuando intentamos ayudarlos, es frecuente que nos enreden en su visión negativa.

No se trata sólo de ser o no optimista, sino de vivir y actuar seleccionando lo que nos potencia, lo que nos saca de nuestra postración, lo que nos conduce a ver como si fuéramos esos niños que piensan que alguna vez van a alcanzar la luna.

Me preguntaba mi hijo, cuándo pierden muchas personas esa ilusión y por qué. Difícil respuesta para mí, porque yo no sé lo que es perder la ilusión infantil. Siempre tengo alguna luna personal a la que llegar y admiro a los que, ni siquiera en las peores circunstancias, ven razones para renegar de todo y de todos.

Es posible que no todos seamos buenos, pero es indudable que hay personas que sólo alcanzan a ver lo negativo, generando una epidemia de desconfiados, infelices y desilusionados, tal vez porque no son capaces de volver a ver con los ojos del niño que una vez fueron.

Limadura

“Mira el mundo de frente y con sencillez y descubrirás que la desilusión que te abruma no la provoca el mundo, reside en tu propia forma de mirar”.

Arsvocis

Después de un largo tiempo de ausencia vuelvo a las andadas. La vida con sus largas manos te atrapa y cuando regresas de la vorágine, ya no eres la misma. El aire que respiras es más denso y la experiencia ha formado un caparazón que a simple vista parece inexpugnable, pero al cabo vuelve a reblandecerse y deja  fisuras por las que penetran los sentimientos.

Cuando regreso, suelo andar sin rumbo y mi pensamiento se torna difícil de transformar en palabras.

La poesía es la única que me libra de las cadenas, de la mirada en soledad y me permite ahondar en lo vivido. Miro lo que me rodea y se van formando imágenes que piden palabras, y las palabras precisan de un ritmo y el ritmo surge como un latido que hubiera quedado en suspenso.

Si me preguntan cuál es la razón de tal o cual poema, tendré múltiples respuestas. Cada poema encierra la percepción que no se puede explicar, la melodía que suena sin instrumento alguno, salvo el sonido de la voz. Los poemas hay que leerlos en voz alta, porque al emerger  la palabra escrita, se transmutan en un sonoro clamor, que deja en el aire muchas verdades al descubierto.

El canto abre mis soledades y me lleva a perder mi identidad, en una suerte de fusión colectiva. La poesía es fruto de mi identidad y sólo alcanza a los demás, cuando los versos se elevan más allá de las palabras escritas y alguien, quien quiera que sea, bucea en lo más hondo de mí.

La poesía traduce el difícil lenguaje de lo que no puede ser contado.

Ars vocis

Cuanto más llueve, mas aumenta mi sequía. Pero no hay peligro, el día que deje de escribir ya no seré yo, tal vez pareceré la misma, más en mi interior no habrá más que un vacío sordo, y yo me habré ido a con mis cuentos a otros lares.

Hace tiempo que no leo, y no parece que la lluvia sea la culpable. Y si no leo es que algo se me está escapando de las manos. Miro los libros y siento que no soy capaz de dedicarles una amorosa mirada. Yo que tanto he amado la lectura. Si no leo, es posible que deje de entender el mundo.

Mi poesía está muda o es como un grifo viejo que gotea. Cada poema queda yaciendo en soledad, porque no encuentro un rincón para pensar. Y si no pienso, tal vez deba dejar que el blog se escriba a sí mismo y me consuele de mi desidia.

Nadie habla de la crisis de ideas, porque las ideas no forman parte de la cuenta de resultados. Y sin ideas, no hay más que lamentaciones inútiles.

Leamos más, pensemos más, escribamos más y las ideas fluirán como el agua que cae a borbotones. Será el momento de cambiar los nombres de las cosas, los colores del campo, la miseria que nos rodea, las sombras de la violencia, la misteriosa voz que nos arrastra al fondo.

La lluvia mojará las hojas de los poemas que surgirán sin freno.

Será el momento de recordar quién soy, de recordaros que mientras leéis, estáis tan vivos como yo.

Ars vocis

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